recía una
personalidad pública rodeada por un séquito de guardaespaldas.
No se veía
quién era, el local estaba oscuro y los conciertos habían empezado.
Me acerqué poco a poco hasta poder vislumbrar que aquella misteriosa
visita no anunciada en el programa era la de Quim Torra. En efecto,
había visto en los periódicos que había venido a Bruselas a
celebrar el « Consell de la República » con Puigdemont y debía
ser que antes de irse había decidido pasar por allí.
Celebré tal
feliz coincidencia y me embosqué a su paso para abordarlo en cuanto
pudiera con tal suerte que Torra se detuvo para hablar por teléfono
dando media vuelta y quedando ligeramente a la zaga respecto al grupo
de sus escoltas, momento que aproveché para pasar por el hueco que
se había creado y saludarlo según terminó la llamada.
Quim Torra me
resultó un tío muy simpático. Con toda naturalidad me extendió la
mano mientras le decía que no hablaba catalán, pero que no me
importaría aprenderlo. Le dije que era de Madrid y me preguntó «¿y
qué haces aquí ? ». No se si refería a « aquí en
Bruselas » o « aquí en una fiesta independentista ».
Yo opté por explicarle someramente mi vida.
¡Qué
paciencia tiene ese hombre! ¡Cómo me escuchaba con una media
sonrisa y hablaba con confianza con un perfecto desconocido ! Tengo
por bien que este Quim Torra es un amante de la tertulia y la
cháchara. No muchos políticos o cargos públicos aman del trato
subalterno, y menos si la conversación coge tintes esotéricos, como
iba a suceder a continuación.
En efecto, no
había terminado de contarle mi vida en verso, cuando decidí
preguntarle si conocía su horóscopo chino. Me respondió que no, y
le dije señor Torra, es usted tigre, como el señor Puigdemont.
Señor President, -continué- el tigre es el representante perfecto
de los descontentos...
No sé si eso
de « líder de los descontentos » le gustó o le
disgustó. Quizá lo de de « descontentos » le podía
parecer que se lo decía para restarle legitimidad a su causa-. No lo
sé. Lo que sí que le dije que creo que no le gustó fue que el
tigre es el imprudente por naturaleza ; que el tigre es el tipo
de persona que no tiene capacidad de previsión, que actúa según le
pinta la circunstancia y no teme a la tempestad, porque casi, casi,
se puede decir que la va buscando...
Tenga usted
cuidado -añadí sin tratar de sonar amenzante- y rodéese de buenos
consejeros, de gente con capacidad de previsión.
Después nos
hicimos una foto e incluso le dí mi tarjeta. Sólo tengo palabras de
agradecimiento y alabanzas a la paciencia de este señor. Torra
continuó su marcha, subió las escaleras, saludó a no sé quién y
se marchó por donde había venido.
Ayer me
enteré de que un tribunal lo ha inhabilitado y le ha puesto una
multa potente, y no me ha extrañado la noticia. El que siembra
viento recoge tempestades. Tanto si se debe a una falta de previsión
deliberada como si todo esto es fruto de la pura inconsciencia -lo
cual es menos probable-, Torra demuestra ser un tigre característico
: contestón, inconsecuente, lleno de razón y rabia contra lo
establecido y capaz de defender lo uno y lo contrario con tal de
salirse con la suya. Amante del drama, será capaz de llevar el barco
a la tormenta para medirse con ella por pura vanidad.
Así pues
amigos, es bueno saber que el tigre, que siempre se verá atraído
por el poder, y que parece un ser talentuoso e inteligente, no es,
empero, ni buen líder ni buen administrador. Y dicho esto el que no
quiera ver que el problema territorial de España está condicionado
por el horóscopo chino de los líderes independentistas, es que no
ha analizado lo suficiente la situación.

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