lunes, 12 de abril de 2021

Contra la violencia democrática

Democracia y antifascismo no son lo mismo.

Desconfíe nuestro amable lector de aquel que quiera convencerle de lo contrario, en especial si lo hace para omitir una condena a la violencia, o bien para justicarla abierta y llanamente.

Actos violentos los hay todos los días. La violencia es inevitable y tiene mil explicaciones e independientemente de si se comete en nombre de Dios, de la libertad, de la razón o de la sinrazón, cuando sucede, se hace patente su incompatibilidad con las garantías.

Sin garantías no hay estado de derecho. Sin estado de derecho no hay libertad. Sin libertad no hay democracia.

Que prime por tanto en la lucha social, la implementación de la ley y el empoderamiento ciudadano frente a los que quieren que el pueblo se lance a las armas y a la desinfección de las calles, y los políticos, en consonancia, que eviten eso de fomentar el ejemplo guerracivilista y gastar energías en apropiarse de los barrios y darse de tortas por mover un mojón en una plaza que llaman «Roja », pero cuyo nombre real es « de la Consititución ».

Qué espectáculo bochornoso, unos, dándose ínfulas, moviéndose en arenas movedizas para acaparar la atención mediática con sus mensajes disonantes, y otros, iniciando abiertamente las hostilidades dizque para responder a la provocación con violencia democrática.

El fin no justifica los medios, y que la gente esté dispuesta a arreglar mano a mano sus diferencias es lamentable, pero más lo es la irresponsabilidad de los que declararan pública y notoriamente la ilegitimidad de una u otra opción política basándose en criterios ideológicos.

Concluyamos de manera clara: La única opción ilegítima es la violencia.

Y al contrario de lo que sucede con los eslóganes propagandísticos, no es necesario ni decirlo una vez para que sea verdad, pero no se repite lo suficiente para que se haga realidad.

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