viernes, 1 de mayo de 2020

Notas sobre el confinamiento desde Bruselas




Bruselas siempre ha sido un sitio en el que la gente te devuelve la sonrisa, si bien, al inicio de la cuarentena por lo del Covid-19, a pesar de que se podía salir a pasear o a realizar ejercicio al aíre libre, la gente había perdido su empatía agradable y su « dichacherismo » habitual. Eran entonces minoría los que se lo tomaban a cachondeo y estaban al sol en los parques bebiendo cerveza, pero por otro lado, raros eran también los que cruzaban la mirada por la calle, y los que lo hacían, dejaban ver su gesto aterrado, y aun manteniendo la distancia social, y aunque cambiáramos de acera y estuviéramos a más de dos metros de distancia, a un « buenos días », se respondía acelerando el paso y aguantando la respiración.

Estamos jodidos – pensaba entonces- ; Que habíamos perdido nuestro patrimonio emocional, eso era lo que me inquietaba en aquellos momentos.

Un mes después seguimos en cuarentena, Bélgica es líder europeo en tasas de contagio y muerte, y en general, pasear por la calle, ir a ver a los amigos y encontrar bares clandestinos de portugueses cerca de la Barrière con la persiana echada, pero despachando como en los mejores momentos, es moneda de cambio.

¡Qué suerte ! -me digo con dicha- ; La gente vuelve a sonreir, se saluda con cercanía, te respira en el cuello en el supermercado, se te arrima impúdicamente mientras esperas para entrar a comprar, y cualquier transeúnte borracho te asalta con sus duda existenciales en no importa qué acera de Chatelain, y al alzar el brazo en señal de alarma, respeta la distancia social y se puede hablar tranquilamente de un perro que habían atropellado hacía unos días en ese mismo cruce, y una historia que parece interminable, pero cuya duración va acompasada con el contenido de la yonki-lata que sujeta el susodicho sujeto....

Uff... Respiro aliviado en cada paseo...

Por fortuna, no hemos perdido nuestro patrimonio emocional, sólo está muriendo gente, pero como no se ven los hospitales saturados, ni los enfermos por los suelos de los pasillos, pues no pasa nada ; que dicen que quedan mil respiradores en toda Bélgica -de sobra-, y que las tasas y los datos -que ya no sabe uno si la curva esa es como los Reyes Magos, que está ahí para mantener la ilusión, pero no existen ni la una ni los otros- siempre van a la baja, así que toda Europa anda pensando en cómo « desescalar » ; eso, en Bélgica, se traduce en sancionar lo que ya es una situación de facto : Que cada vecino se salta la cuarentena y viola la distancia social como buenamente puede y quiere, pero eso sí, con una sonrisa en la boca, a veces a penas visible, por cierto, si se lleva mascarilla, o « tapabocas », que así llaman a las mascarillas en Venezuela... Y claro, da risa oir a Nicolás Maduro hablando de ponerle el tapabocas a todo la población de su país... Pero aquí no, Bélgica es un país libre y nadie podrá taparle la boca a su población.

¡Estaría bueno !

Cosas de la cuarentena.

En fin... Ahora le tocará el turno a España, que después de tantos días de privaciones podrá experimentar los privilegios y placeres de una cuarentena blanda « a la europea » en la que se puede salir a pasear y a hacer deporte un día sí y otro también, lo cual dará la excelente oportunidad de practicarlo por vez primera a una gran parte de la población.

No me cabe la menor duda de que sea como sea, un poco de alterne será harto beneficioso para reparar los daños que el patrimonio emocional de los españoles haya podido sufrir, pero para muchos, será difícil olvidar las dramáticas escenas de muerte y zozobra del telediario aderezadas con las intermibables y redundantes ruedas de prensa del oficialismo reinante.

En ese sentido, quizá no estemos los españoles acostumbrados a tanta presencia mediática innecesaria de nuestros gobernantes. No les pasa lo mismo a los venezolanos, que desde el « Aló Presidente » de Chávez se han familiarizado con el sano derecho a recibir información veraz de la viva voz de sus líderes supremos, sea Diosdado Cabello en su programa « Con el mazo dando », o Maduro por aquí y por allá emitiendo durante horas sus consejos, reuniones, apariciones públicas o entrevistas.

En una de esas apariciones televisadas, Maduro sale en coche con su mujer por Caracas verificando que el pueblo sumiso disfruta de la permisividad de manera ordenada y voluntaria, y no pude evitar imaginar a Pedro Sánchez volviendo a coger el coche, como antaño, para recorrer todas las provincias del país tratando de recobrar la confianza de los súbditos confinados de esa España rota en cincuenta y una taifas sanitario-electorales.

Sólo el tiempo nos dirá si acaso estamos cerca o lejos todavía de esa nueva normalidad que se anuncia por doquier, y que tendrá más de « nueva » que de « normalidad »; mientras tanto, lo único que nos queda es esperar, en mi caso, desde Bruselas : Ese sitio en el que la gente sonríe a pesar de que llueva casi todo el año.

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